6 de marzo de 2017

Escapa a Cogne (Alpes italianos).
A estas alturas del año la perspectiva de escalar en hielo en condiciones empezaba a desvanecerse y la temporada se iba a cerrar con una salida a Pirineos y otra a Picos que comparada con el año pasado no estaba mal. Cansados de esta situación decidimos armarnos de valor y meternos entre pecho y espalda los 2.800 kilómetros que supone ir y volver hasta Cogne, la nevera italiana. Para ello aprovechamos días de febrero que teníamos libres, meternos en la furgoneta de Teo y salir disparados el miércoles por la tarde.
                Café, kilómetros, peajes y vuelta a empezar y el jueves a mediodía llegamos a Lilliaz al apartamento que habíamos alquilado. Comimos y salimos disparados a la cascada de Lilliaz para enredar un poco. Al llegar vimos que cascada había pero de hielo y agua por partes iguales así que a pasear por el pueblo. Las condiciones nos habían dicho que no eran ideales e incluso que había poco formado. Frío tampoco hacía en exceso y ni de lejos los - 22 ºC  que soportamos la última vez que estuvimos.
Apartamento
                Al día siguiente nos bajamos a Valnontey y nos dirigimos a la cascada de Patri y la de Acheronte. Dos cascadas juntas así que nos separaríamos en dos cordadas y cada uno a una. El paseíto a pie de vías es por una valle plano con una huella bien pisada que hacía que fuésemos pegando patinazos mientras contemplábamos el paisaje. 
Izquierda cascada de Patri y a la de derecha Acheronte
Nos separamos las dos cordadas y cada una a lo suyo sorprendidos por solo haber visto a una cordada que encima fue hacia otro sitio. Con todos los trastos ya puestos nos vimos rodeados de otros escaladores y eso ya nos pareció más normal. La cascada de Patri estaba picada y se veía claramente que no éramos los primeros que pasábamos por allí. 

Cascada de Patri. Primer largo.
No conocíamos la cascada y largo a largo nos fuimos encaramando hasta el último que tiene varias posibilidades; a la izquierda la clásica que estaba rota en el estrechamiento de arriba y a la derecha, el candelone de Patri, se la veía con buen hielo, bien formada pero muy tiesa y más para ser la primera de la temporada. Al Candelone nos fuimos y salimos por arriba apretando los piolets de lo lindo. Rapel y para abajo donde nos encontramos con una autentica romería.
Salida clásica y Candelone
Salida clásica
Contentos después de la primera escalada
                El resto de la cascada lo bajamos por un camino bien marcado. Regresamos a las mochilas y como era pronto nos fuimos a la Acheronte a ver si veíamos a Eduardo y Toño. Esta vía es un corredor muy estético con varios muros de hielo que no son difíciles . Tras seis largos y una campa de nieve llegamos arriba. Para bajar hay dos opciones: rapelar toda la vía ya que las reuniones están montada o pasarse a la Patri y rapelar el Candelone que es lo que hicimos esperando ver a nuestros compañeros por la zona.
Segundo lardo Archeronte
         
Poniendo a prueba la operación bikini
Al final de noche llegamos al coche muy contentos del tute de pioletazos que nos habíamos dado. Entre risa comentábamos que daba gusto escalar en sitios como estos donde no había condiciones.
                Al día siguiente madrugón y para arriba. Aquí parece que la gente no madruga tanto como en otros sitios de hielo. Eduardo y Toño quería volver a Valnontey para escalar en Candelone de la Patri que el día anterior no habían hecho por la romería que se habían encontrado. Nosotros aprovechando la huella abierta subiríamos a la zona de las cascadas de Flash Estivo y Fiumana di Money para conocerlo. Este día amaneció muy frío y sin demora salimos hacia nuestros gélidos objetivos. Nos separamos de nuestros compañeros y seguimos hacia Flash Estivo que hay que decir que tiene una buena subida.
Flash Estivo a la izquierda y Fiumana di Money a la derecha
Esta cascada tiene una longitud de 180 metros y es continua sin campas de nieve. Por desconocimiento nosotros hicimos cuatro largos aunque se puede hacer en tres estirando mucho las cuerdas sobre todo en el segundo. El planchón de hielo era impresionante aunque las bajas temperaturas lo hacían estalladizo. No había nadie en la cascada así que volvimos a disfrutar de la tranquilidad. Solamente en la parte alta del último largo oímos correr el agua y en algunas secciones el hielo sonaba hueco. En tres rápeles llegamos al suelo coincidiendo en la primera reunión con Eduardo y Toño que venían de la Patri.
Primer largo
Segundo largo
Ultimo largo
Rapelando la vía
Flash Estivo
Disfrutando del sol
Al final el frío nos desanimó de hacer el primer largo de la Fiumana di Money y decidimos bajarnos a tomar el sol y calentar un poco. Solo tuvimos ocho minutos de calorcito hasta que decidió meterse por detrás de las montañas. Así que el siguiente objetivo iba a ser Cogne en forma de cervezas. En el pueblo se veía el ambiente de carnaval y que era sábado. Mucho esquiador de fondo y olor a colonia.
El domingo era nuestro último día y queríamos escalar y salir  de viaje de regreso. Escogimos una cascada de aproximación corta y sencilla para estar a las dos de la tarde en el apartamento. Fue el Sendero del Troll también en el valle de Valnontey. Unos seis largos con las reuniones montadas donde se alternan muros de hielo cortos con campas de hielo y nieve.
Segundo largo de la senda del Troll
Último largo de la Senda del Troll
También estuvimos solos excepto al bajar que nos encontramos con dos cordadas de franceses que subían. En este viaje habíamos ganado a los franceses a madrugar algo que nos parecía insólito y contra natura.
Rapelando
Senda del Troll
A las cuatro quedamos con Daniella para darle las llaves del apartamento y salimos en dirección a Chamonix. A pasear y ver el ambiente tan maravilloso que tiene esta ciudad. No me extraña que todos los pueblos y ciudades de montaña se quieran comparar con ella.
A pesar de no haber condiciones pasamos tres días escalando en hielo, rodeados de paredes nevadas y con hielo por muchos sitios para enredar. Los Alpes siguen siendo el macizo montañoso por excelencia en Europa y si se va con amigos su excelencia se acentúa.


Con el Mont Blanc al fondo

23 de febrero de 2017

Fin de Semana en Pirineos. 18-19 febrero 2017
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      Eduardo Rucandio
-          Nacho López
-          Raúl Guerra

Por fin tocaba ya uno de esos fines de semana de sol y nieve polvo, uno de esos que nos recuerdan el porqué de nuestra afición, de los que verdaderamente hacen afición. Llevábamos ya tres fines de semana pendientes del parte meteorológico y posponiendo los planes porque parecía que nunca nos iba a respetar el tiempo pero, después de una semana en la que los partes cambiaban todos los días, el jueves 16 al fin se aclaró el asunto. Y como siempre, a última hora conseguimos milagrosamente sitio en el Albergue Quinta Alegre en el Pueyo de Jaca, un lugar muy recomendable para establecer el centro de operaciones en la zona.

La idea era hacer el sábado una ruta un poco larga, y así fue. Salimos a las 9:30 del aparcamiento de Sarrios y a buen ritmo, por la orilluca de las pistas llegamos al collado que da vista al valle de Izas, donde termina una de los telesquíes de la estación. Desde allí ya tenemos a la vista la esbelta Punta Escarra y en una larga diagonal en bajada llegamos a la base el corredor norte que se puede subir hasta prácticamente la mitad con los esquís puestos. Después, tocó portear un ratillo. Por suerte, había una magnifica huella tanto de esquí como de pata que nos facilitó enormemente el ascenso.




Raúl, camino de Punta Escarra

Eduardo, camino de Punta Escarra

Una vez llegamos a la parte superior del corredor teníamos ante nosotros el primer descenso de verdad del día hasta el Ibón de Ip. En esta parte encontramos nieve de todos los tipos…..polvo, algo costra, cremita……Pero lo que más nos impactó del descenso y sobre todo cuando llegamos al Ibón de Ip fue la soledad absoluta y un silencio sepulcral. Ni un pájaro, ni una brizna de viento, era el silencio absoluto y fantástico que siempre buscamos.



Raúl subiendo el corredor norte de Punta Escarra

Bajando al Ibón de Ip

Ahora tocaba poner pieles y subir hasta el collado balsero, 400 metros de desnivel., con un calor sofocante quizá porque subimos como si nos persiguiesen un grupo de caminantes blancos. Una vez en el collado ya vimos la entrada a nuestro objetivo del día, la canal Balsera, que dicen que tiene unos 40-45º, algo más que suficiente para unos esquiadores del montón como nosotros.

Sin embargo, una nieve polvo de esas que por el cantábrico no abundan nos hizo disfrutar del descenso como chones en un barrizal y nos hizo creer que éramos unos freeriders de esos que salen en videos de youtube en Canadá.

Raúl hacia la canal Balsera
Eduardo en pleno descenso hacia la canal balsera

Raúl en el tubo de la canal Balsera
 
Eduardo en el tubo de la canal Balsera

Después, otra vez pieles y pim pam para arriba hasta el Pico Tres Hombres, ya en el entorno de la estación de Formigal por donde descendimos hasta el coche de nuevo. En total, 1700 metros de desnivel, 18 km y 7 horas. No estuvo mal.

Llegando al pico Tres Hombres
El domingo teníamos que hacer algo más cortito, una actividad mañanera para no demorar demasiado el viaje de vuelta, así que escogimos un clásico de la zona en el que ninguno habíamos estado nunca, el Vértice del Anayet. Esta vez partimos desde el parking de Anayet de la estación de esquí en donde enseguida se enfila un precioso valle por el que se asciende cómodamente hasta un plató con varios ibones, ahora congelados, pero que en verano tienen que ser realmente espectaculares. Desde allí ya damos vista a la cumbre que alcanzamos en poco más de una hora.
Subiendo al Vértice de Anayet

En la cumbre del Vértice del Anayet

Raúl en pleno descenso del Vértice
De la bajada tampoco nos podemos quejar….bueno, sí, que fue demasiado corta. Nieve polvo de la buena y en las zonas soleadas, nieve primavera cremita para disfrutar. Como estaba previsto, a las 13:30 estábamos en el coche. . El finde quedó rematado con unos huevos con chorizo en Puentelarreina, que nos los habíamos ganado!!! 

Como habréis podido comprobar, las fotos buenas son las que saca Eduardo, Hay que reconocer que es un artista.

25 de enero de 2017

La Torrezuela canal Oeste 2.322 m.
Fin de semana por el Occidental una de nuestras zonas de invierno preferidas y de donde siempre volvemos a casa cansados y de noche. En este caso las primeras dificultades surgieron en la carretera que va desde el Lago Enol hasta Pandecarmen que estaba bastante helada y lo resolvimos poniendo las cadenas. La subida al refugio un paseo por la dureza de la nieve y en la que solo marcabas la pisada. El día empezó nublado y con el cielo gris plomizo y acabó soleado y espectacular. Los Argaos casi no tenían roca y a pesar de ser un paisaje conocido y fotografiado no dejaba de sorprendernos como si fuese la primera vez que lo recorríamos.
Subiendo al refugio

Camino a Ordiales
  En el refugio vimos unos sacos con lo que sabíamos que iba a ver gente por arriba y que nos comentaría como estaba el tema. Después de comer salimos en dirección al mirador de Ordiales con idea de ver atardecer y hacer unas fotos pero al final acabamos subiéndonos a unas cimas en una zona llamada Sierra Pelada. Unas nubes altas, que habían entrado, tapaban el sol y el frío empezó hacer mella en la voluntad de esperar a que el sol bajara por debajo de las nubes. A medida que las mochilas se vaciaban de ropa se acrecentó el debate de salir pitando de allí arriba e ir al refugio de invierno de Vegarredonda que hasta nos empezaba a parecer cálido. Al final aguantamos y el atardecer fue espectacular con un cielo naranja y un rayo de luz que parecía pintado. Compensó la tiritona y bajando entramos en calor.


Atardecer
Los de los sacos eran unos asturianos que nos comentaron que se habían bajado de la este de la Torre Santa María porque en la parte de arriba la nieve estaba sin transformar. También nos dijeron que la nieve en la aproximación estaba durísima y que si queríamos nos podíamos acabar la botella de vino. Las alabanzas hacía ellos se oyeron hasta en la Basílica de Covadonga.

 A las seis de la mañana sonó el despertador y antes de las siete salíamos hacia nuestro objetivo. La nieve dura nos permitía subir rápido y cómodo y en las rampas de la Cuesta de Cebolleda su dureza nos empezó a preocupar por que ya empezaba a ser hielo. Al collado Les Merines llegamos cansados de patear la nieve para poder  clavar las puntas de los crampones y con mucha tensión. No recordábamos una nieve tan dura durante tanto tiempo y todavía quedaba el flanqueo a Fuente Prieta que nos dejó fundidos por la tensión. Eso si el paisaje parecía patagónico y el hasta el Canto Cabronero parecía el Alpamayo. Hielo y nieve pegados a la pared y solo en las partes bajas de las torres de Cebolleda abunda la roca. Bajamos a pie de corredor y hay nos pusimos los trastos y para arriba que parecía fácil e incluso llegamos a pensar que igual no sacábamos la cuerda.
Torrezuela cara Norte

El primer resalte estaba parcialmente tapizado y con nieve costra y sí sacamos la cuerda y lo protegimos porque la nieve se  iba bastante. El segundo resalte estaba más peleón. Poco hielo y la nieve un poco más dura pero insuficiente. El fantasma de una retirada empezó a aparecer y el recuerdo de la primera vez que estuvimos ahí y que no pudimos pasar el primer resalte también. Al final, utilizando todo tipo de estrategias tanto “legales como ilegales” pasamos. Menos mal que encima del desplome había un poco de nieve dura y los piolets decidieron no saltar. La continuación fue más sencilla y decidimos guardar la cuerda. Salimos a una antecima, justo en frente de la cumbre principal, pero no vimos la manera de poder bajar de ella y subir a la principal por la cantidad de nieve que tapizaba la roca. Foto de cumbre disfrutando del paisaje y la soledad de todo el entorno aunque el frío no nos hizo estar muy a gusto y eso que nos daba el sol.
Llegando al primer resalte

Pegándonos con el segundo resalte


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Destrepando
Destrepamos hasta la última reunión que habíamos hecho y desde ahí rapelamos los dos resaltes para lo que dejamos unos maillones en las reuniones pues no había. A las tres estábamos a pie de corredor comiendo algo, escupiendo hielo de las cantimploras ya que se nos había congelado el agua y rápidamente nos fuimos para abajo porque nos preocupaba que la nieve no se hubiese ablandado. La bajada fue una delicia porque el sol había hecho su papel y la nieve estaba perfecta. En hora y media estábamos en el refugio y eso que habíamos parado en numerosas ocasiones para hacer fotos.

Ya solo nos quedaba recoger todo y para abajo en un gélido pero espectacular día y en el que llegamos a la conclusión que la Torrezuela en invierno no es un sitio para conocer gente. 

12 de enero de 2017

Peña Telera y Pico Culivillas.

Ice Piri 2017

Lo que en principio iba a ser una idílica estancia pirenaica entre Luis y Goyo se convirtió finalmente en un ménage a cinco, pues finalmente se apuntaron también César, Félix y Ángel.
Partimos la mañana del 2 de enero con parada en Laredo para recoger a César, quien jamás se había puesto unos crampones, pero para un basko de Laredo esto no es ningún impedimento para acometer una escalada catalogada como MD-, que era nuestra intención en Peña Telera, uno de los parajes emblemáticos de la escalada en hielo del Pirineo. Con unos botas y crammpones que le habían traído los Reyes con anticipación y unos piolets prestados… ¿Hace falta algo más o qué?
Un viaje entretenido con unas cuantas paradas para comprar pan , comer en un restaurante cerrado cercano a Jaca y unos cafés en este mismo pueblo, nos condujo a Piedrafita de Jaca, donde arribamos ya por la tarde. De allí, una pista asfaltada nos dejó junto a una estabulación enorme que hace tiempo está catalogada dentro de la Red de Refugios de Altai. Aprovechamos las últimas luces del día para aproximarnos por la pista hasta el ibón de Piedrafita, al pie de Peña Telera, y hacernos una idea de la aproximación al corredor.
Peña Telera
Nos levantamos a las 6 de la mañana, y en una hora ya estábamos en marcha.  Con las primeras luces ya habíamos alcanzado la base de Peña Telera,  y una vez allí el corredor elegido fue el Mª José Aller, 650 metros y MD-. Formamos dos cordadas y nos dirigimos hacia el gran cono de deyección que baja del mismo.
Una penosa y larga subida por una rampa de unos 45-50 grados nos depositó en una pequeña cueva al pie de una cascada vertical de unos 7 u 8 metros. Una escalada muy estética y disfrutona nos llevó a unos campos de nieve dura. Apurando la cuerda hasta el final montamos reunión con dos clavos en unas rocas a la derecha del corredor.
1 largo
Ya en el segundo largo, unos 15 metros después de la reunión llegamos a un resalte en mixto muy delicado. Por la izquierda, nieve muy blanda, y en el resto del resalte, dada la escasez de hielo, había que hilar muy fino para poder ir superándolo poco a poco. Un tornillo al principio, un camalot azul y un viejo cordino nos sirvieron para pasarlo. Otro resalte vertical pero más fácil nos dio paso a otro campo de nieve donde, ya a tope de cuerda, tuvimos que montar la reunión con una estaca y los piolets. Desde aquí y en ensamble, llegamos a una bifurcación. Optamos por la izquierda, más vertical y estética. Al poco nos dimos cuenta de nuestro error, una zona muy sucia y expuesta que nos dio algún problema. Avisamos al resto de que no era una buena opción y por fin llegamos a la última dificultad de la jornada, otro resalte  cuya principal dificultad estaba al principio, dada la escasez de hielo. Al final, con más facilidad de la que pensábamos, superamos el resalte en el que nos encontramos un clavo al principio y luego pudimos proteger con tornillos. Nos faltaron unos 15 metros para llegar al fin del corredor, así que tuvimos que montar la última reunión en unas rocas a la izquierda. Y ya no nos quedó más que recorrer esa poca distancia para pasar del mordisco del frío y el viento a la caricia del sol, donde Luis pudo explicar con todo lujo de detalles a una pareja de guipuchis que iban a la par las montañas que podían escalar en la Cordillera Blanca de Perú, lugar al que pensaban ir en verano.
Ultimo resalte

Por fin el sol


Hacia los rápeles
Se nos echaba el tiempo encima, con lo cual la idea de hacer cumbre pasó a segundo plano, con lo que optamos por rodear la Punta Capullo y dirigirnos al corredor de la Y, el cual tiene habilitados un par de rápeles, y de aquí, un larguísimo e interminable descenso que nos dejó un poco tocados. 
Rapeles de la Y
Al final del mismo, ya noche cerrada, recogimos a otro par de vascos que venían sin luces con los que Luis entabló de nuevo animada conversación hasta la llegada al refugio cerca de las 9 de la noche.
Unas cervezas que nos supieron a gloria y una buena cena nos llevaron rápidamente a dormir, pues al día siguiente, a pesar de la trisca, decidimos hacer el corredor norte-noroeste del Pico Culivillas, en Formigal,  300 metros y D sup.
Nos levantamos un poco más tarde, a las 7, y pusimos rumbo a la estación de Formigal, en el párking Anayet. Allí identificamos nuestro objetivo y, junto a un par de cordadas más, nos dirigimos hacia él a través de un barranco que va rodeándolo y que forma parte del GR pirenaico.
Cara norte del Pico Culivillas
Al vislumbrar el corredor, observamos que había 2 cordadas en el mismo, y otras dos que se dirigían hacia él. Afortunadamente, estas últimas optaron por otras vías, con lo cual, cuando llegamos al corredor propiamente dicho, estaba despejado. Solo algunas coladas de nieve que caían de la parte superior nos indicaban de la presencia de otros escaladores.
Via un poco masificada
El primer largo transcurre por un diedro vertical de unos 10 metros que estaba bastante  escalonado y que nos lleva a una zona de nieve dura algo más tumbada. Montamos la reunión, con mucha dificultad, bajo una roca al final de la línea de escalada. Y es que lo mejor habría sido desviarnos a la izquierda continuando la cascada, ya menos vertical, con lo cual los apuros para montar la reunión y la salida de la misma habrían sido más sencillos.
1 resalte

2 largo
El segundo largo tuvo la mayor dificultad en su arranque. Una vez superado este, se trata de remontar unas rampas de unos 50 º hasta el tope de cuerda. Montamos la segunda reunión en unas rocas a la izquierda, y de aquí desencordados hasta la cima, a donde llegamos por su arista.
Arista y el Midi
Un día magnífico, con unas vistas estupendas y un poco de comida, nos retuvo su buena media hora en la cumbre mientras charlábamos con otra pareja de vascos que llegaron poco después. Como se puede observar, no encontramos a nadie que no fuera vasco. Y luego dicen de los gallegos…
Ya solo nos quedaba coger la arista SO y llegar a un collado desde nos dirigimos hacia a una serie de rampas que nos condujeron a la estación de esquí.
Cumbre
 Y así, fatigados pero contentos, acabamos estos tres días de Pirineo intensos y productivos que nos dejaron con ganas de repetir cuanto antes. A ver esos convenios…