23 de febrero de 2017

Fin de Semana en Pirineos. 18-19 febrero 2017
-          
      Eduardo Rucandio
-          Nacho López
-          Raúl Guerra

Por fin tocaba ya uno de esos fines de semana de sol y nieve polvo, uno de esos que nos recuerdan el porqué de nuestra afición, de los que verdaderamente hacen afición. Llevábamos ya tres fines de semana pendientes del parte meteorológico y posponiendo los planes porque parecía que nunca nos iba a respetar el tiempo pero, después de una semana en la que los partes cambiaban todos los días, el jueves 16 al fin se aclaró el asunto. Y como siempre, a última hora conseguimos milagrosamente sitio en el Albergue Quinta Alegre en el Pueyo de Jaca, un lugar muy recomendable para establecer el centro de operaciones en la zona.

La idea era hacer el sábado una ruta un poco larga, y así fue. Salimos a las 9:30 del aparcamiento de Sarrios y a buen ritmo, por la orilluca de las pistas llegamos al collado que da vista al valle de Izas, donde termina una de los telesquíes de la estación. Desde allí ya tenemos a la vista la esbelta Punta Escarra y en una larga diagonal en bajada llegamos a la base el corredor norte que se puede subir hasta prácticamente la mitad con los esquís puestos. Después, tocó portear un ratillo. Por suerte, había una magnifica huella tanto de esquí como de pata que nos facilitó enormemente el ascenso.




Raúl, camino de Punta Escarra

Eduardo, camino de Punta Escarra

Una vez llegamos a la parte superior del corredor teníamos ante nosotros el primer descenso de verdad del día hasta el Ibón de Ip. En esta parte encontramos nieve de todos los tipos…..polvo, algo costra, cremita……Pero lo que más nos impactó del descenso y sobre todo cuando llegamos al Ibón de Ip fue la soledad absoluta y un silencio sepulcral. Ni un pájaro, ni una brizna de viento, era el silencio absoluto y fantástico que siempre buscamos.



Raúl subiendo el corredor norte de Punta Escarra

Bajando al Ibón de Ip

Ahora tocaba poner pieles y subir hasta el collado balsero, 400 metros de desnivel., con un calor sofocante quizá porque subimos como si nos persiguiesen un grupo de caminantes blancos. Una vez en el collado ya vimos la entrada a nuestro objetivo del día, la canal Balsera, que dicen que tiene unos 40-45º, algo más que suficiente para unos esquiadores del montón como nosotros.

Sin embargo, una nieve polvo de esas que por el cantábrico no abundan nos hizo disfrutar del descenso como chones en un barrizal y nos hizo creer que éramos unos freeriders de esos que salen en videos de youtube en Canadá.

Raúl hacia la canal Balsera
Eduardo en pleno descenso hacia la canal balsera

Raúl en el tubo de la canal Balsera
 
Eduardo en el tubo de la canal Balsera

Después, otra vez pieles y pim pam para arriba hasta el Pico Tres Hombres, ya en el entorno de la estación de Formigal por donde descendimos hasta el coche de nuevo. En total, 1700 metros de desnivel, 18 km y 7 horas. No estuvo mal.

Llegando al pico Tres Hombres
El domingo teníamos que hacer algo más cortito, una actividad mañanera para no demorar demasiado el viaje de vuelta, así que escogimos un clásico de la zona en el que ninguno habíamos estado nunca, el Vértice del Anayet. Esta vez partimos desde el parking de Anayet de la estación de esquí en donde enseguida se enfila un precioso valle por el que se asciende cómodamente hasta un plató con varios ibones, ahora congelados, pero que en verano tienen que ser realmente espectaculares. Desde allí ya damos vista a la cumbre que alcanzamos en poco más de una hora.
Subiendo al Vértice de Anayet

En la cumbre del Vértice del Anayet

Raúl en pleno descenso del Vértice
De la bajada tampoco nos podemos quejar….bueno, sí, que fue demasiado corta. Nieve polvo de la buena y en las zonas soleadas, nieve primavera cremita para disfrutar. Como estaba previsto, a las 13:30 estábamos en el coche. . El finde quedó rematado con unos huevos con chorizo en Puentelarreina, que nos los habíamos ganado!!! 

Como habréis podido comprobar, las fotos buenas son las que saca Eduardo, Hay que reconocer que es un artista.

25 de enero de 2017

La Torrezuela canal Oeste 2.322 m.
Fin de semana por el Occidental una de nuestras zonas de invierno preferidas y de donde siempre volvemos a casa cansados y de noche. En este caso las primeras dificultades surgieron en la carretera que va desde el Lago Enol hasta Pandecarmen que estaba bastante helada y lo resolvimos poniendo las cadenas. La subida al refugio un paseo por la dureza de la nieve y en la que solo marcabas la pisada. El día empezó nublado y con el cielo gris plomizo y acabó soleado y espectacular. Los Argaos casi no tenían roca y a pesar de ser un paisaje conocido y fotografiado no dejaba de sorprendernos como si fuese la primera vez que lo recorríamos.
Subiendo al refugio

Camino a Ordiales
  En el refugio vimos unos sacos con lo que sabíamos que iba a ver gente por arriba y que nos comentaría como estaba el tema. Después de comer salimos en dirección al mirador de Ordiales con idea de ver atardecer y hacer unas fotos pero al final acabamos subiéndonos a unas cimas en una zona llamada Sierra Pelada. Unas nubes altas, que habían entrado, tapaban el sol y el frío empezó hacer mella en la voluntad de esperar a que el sol bajara por debajo de las nubes. A medida que las mochilas se vaciaban de ropa se acrecentó el debate de salir pitando de allí arriba e ir al refugio de invierno de Vegarredonda que hasta nos empezaba a parecer cálido. Al final aguantamos y el atardecer fue espectacular con un cielo naranja y un rayo de luz que parecía pintado. Compensó la tiritona y bajando entramos en calor.


Atardecer
Los de los sacos eran unos asturianos que nos comentaron que se habían bajado de la este de la Torre Santa María porque en la parte de arriba la nieve estaba sin transformar. También nos dijeron que la nieve en la aproximación estaba durísima y que si queríamos nos podíamos acabar la botella de vino. Las alabanzas hacía ellos se oyeron hasta en la Basílica de Covadonga.

 A las seis de la mañana sonó el despertador y antes de las siete salíamos hacia nuestro objetivo. La nieve dura nos permitía subir rápido y cómodo y en las rampas de la Cuesta de Cebolleda su dureza nos empezó a preocupar por que ya empezaba a ser hielo. Al collado Les Merines llegamos cansados de patear la nieve para poder  clavar las puntas de los crampones y con mucha tensión. No recordábamos una nieve tan dura durante tanto tiempo y todavía quedaba el flanqueo a Fuente Prieta que nos dejó fundidos por la tensión. Eso si el paisaje parecía patagónico y el hasta el Canto Cabronero parecía el Alpamayo. Hielo y nieve pegados a la pared y solo en las partes bajas de las torres de Cebolleda abunda la roca. Bajamos a pie de corredor y hay nos pusimos los trastos y para arriba que parecía fácil e incluso llegamos a pensar que igual no sacábamos la cuerda.
Torrezuela cara Norte

El primer resalte estaba parcialmente tapizado y con nieve costra y sí sacamos la cuerda y lo protegimos porque la nieve se  iba bastante. El segundo resalte estaba más peleón. Poco hielo y la nieve un poco más dura pero insuficiente. El fantasma de una retirada empezó a aparecer y el recuerdo de la primera vez que estuvimos ahí y que no pudimos pasar el primer resalte también. Al final, utilizando todo tipo de estrategias tanto “legales como ilegales” pasamos. Menos mal que encima del desplome había un poco de nieve dura y los piolets decidieron no saltar. La continuación fue más sencilla y decidimos guardar la cuerda. Salimos a una antecima, justo en frente de la cumbre principal, pero no vimos la manera de poder bajar de ella y subir a la principal por la cantidad de nieve que tapizaba la roca. Foto de cumbre disfrutando del paisaje y la soledad de todo el entorno aunque el frío no nos hizo estar muy a gusto y eso que nos daba el sol.
Llegando al primer resalte

Pegándonos con el segundo resalte


Añadir leyenda
Destrepando
Destrepamos hasta la última reunión que habíamos hecho y desde ahí rapelamos los dos resaltes para lo que dejamos unos maillones en las reuniones pues no había. A las tres estábamos a pie de corredor comiendo algo, escupiendo hielo de las cantimploras ya que se nos había congelado el agua y rápidamente nos fuimos para abajo porque nos preocupaba que la nieve no se hubiese ablandado. La bajada fue una delicia porque el sol había hecho su papel y la nieve estaba perfecta. En hora y media estábamos en el refugio y eso que habíamos parado en numerosas ocasiones para hacer fotos.

Ya solo nos quedaba recoger todo y para abajo en un gélido pero espectacular día y en el que llegamos a la conclusión que la Torrezuela en invierno no es un sitio para conocer gente. 

12 de enero de 2017

Peña Telera y Pico Culivillas.

Ice Piri 2017

Lo que en principio iba a ser una idílica estancia pirenaica entre Luis y Goyo se convirtió finalmente en un ménage a cinco, pues finalmente se apuntaron también César, Félix y Ángel.
Partimos la mañana del 2 de enero con parada en Laredo para recoger a César, quien jamás se había puesto unos crampones, pero para un basko de Laredo esto no es ningún impedimento para acometer una escalada catalogada como MD-, que era nuestra intención en Peña Telera, uno de los parajes emblemáticos de la escalada en hielo del Pirineo. Con unos botas y crammpones que le habían traído los Reyes con anticipación y unos piolets prestados… ¿Hace falta algo más o qué?
Un viaje entretenido con unas cuantas paradas para comprar pan , comer en un restaurante cerrado cercano a Jaca y unos cafés en este mismo pueblo, nos condujo a Piedrafita de Jaca, donde arribamos ya por la tarde. De allí, una pista asfaltada nos dejó junto a una estabulación enorme que hace tiempo está catalogada dentro de la Red de Refugios de Altai. Aprovechamos las últimas luces del día para aproximarnos por la pista hasta el ibón de Piedrafita, al pie de Peña Telera, y hacernos una idea de la aproximación al corredor.
Peña Telera
Nos levantamos a las 6 de la mañana, y en una hora ya estábamos en marcha.  Con las primeras luces ya habíamos alcanzado la base de Peña Telera,  y una vez allí el corredor elegido fue el Mª José Aller, 650 metros y MD-. Formamos dos cordadas y nos dirigimos hacia el gran cono de deyección que baja del mismo.
Una penosa y larga subida por una rampa de unos 45-50 grados nos depositó en una pequeña cueva al pie de una cascada vertical de unos 7 u 8 metros. Una escalada muy estética y disfrutona nos llevó a unos campos de nieve dura. Apurando la cuerda hasta el final montamos reunión con dos clavos en unas rocas a la derecha del corredor.
1 largo
Ya en el segundo largo, unos 15 metros después de la reunión llegamos a un resalte en mixto muy delicado. Por la izquierda, nieve muy blanda, y en el resto del resalte, dada la escasez de hielo, había que hilar muy fino para poder ir superándolo poco a poco. Un tornillo al principio, un camalot azul y un viejo cordino nos sirvieron para pasarlo. Otro resalte vertical pero más fácil nos dio paso a otro campo de nieve donde, ya a tope de cuerda, tuvimos que montar la reunión con una estaca y los piolets. Desde aquí y en ensamble, llegamos a una bifurcación. Optamos por la izquierda, más vertical y estética. Al poco nos dimos cuenta de nuestro error, una zona muy sucia y expuesta que nos dio algún problema. Avisamos al resto de que no era una buena opción y por fin llegamos a la última dificultad de la jornada, otro resalte  cuya principal dificultad estaba al principio, dada la escasez de hielo. Al final, con más facilidad de la que pensábamos, superamos el resalte en el que nos encontramos un clavo al principio y luego pudimos proteger con tornillos. Nos faltaron unos 15 metros para llegar al fin del corredor, así que tuvimos que montar la última reunión en unas rocas a la izquierda. Y ya no nos quedó más que recorrer esa poca distancia para pasar del mordisco del frío y el viento a la caricia del sol, donde Luis pudo explicar con todo lujo de detalles a una pareja de guipuchis que iban a la par las montañas que podían escalar en la Cordillera Blanca de Perú, lugar al que pensaban ir en verano.
Ultimo resalte

Por fin el sol


Hacia los rápeles
Se nos echaba el tiempo encima, con lo cual la idea de hacer cumbre pasó a segundo plano, con lo que optamos por rodear la Punta Capullo y dirigirnos al corredor de la Y, el cual tiene habilitados un par de rápeles, y de aquí, un larguísimo e interminable descenso que nos dejó un poco tocados. 
Rapeles de la Y
Al final del mismo, ya noche cerrada, recogimos a otro par de vascos que venían sin luces con los que Luis entabló de nuevo animada conversación hasta la llegada al refugio cerca de las 9 de la noche.
Unas cervezas que nos supieron a gloria y una buena cena nos llevaron rápidamente a dormir, pues al día siguiente, a pesar de la trisca, decidimos hacer el corredor norte-noroeste del Pico Culivillas, en Formigal,  300 metros y D sup.
Nos levantamos un poco más tarde, a las 7, y pusimos rumbo a la estación de Formigal, en el párking Anayet. Allí identificamos nuestro objetivo y, junto a un par de cordadas más, nos dirigimos hacia él a través de un barranco que va rodeándolo y que forma parte del GR pirenaico.
Cara norte del Pico Culivillas
Al vislumbrar el corredor, observamos que había 2 cordadas en el mismo, y otras dos que se dirigían hacia él. Afortunadamente, estas últimas optaron por otras vías, con lo cual, cuando llegamos al corredor propiamente dicho, estaba despejado. Solo algunas coladas de nieve que caían de la parte superior nos indicaban de la presencia de otros escaladores.
Via un poco masificada
El primer largo transcurre por un diedro vertical de unos 10 metros que estaba bastante  escalonado y que nos lleva a una zona de nieve dura algo más tumbada. Montamos la reunión, con mucha dificultad, bajo una roca al final de la línea de escalada. Y es que lo mejor habría sido desviarnos a la izquierda continuando la cascada, ya menos vertical, con lo cual los apuros para montar la reunión y la salida de la misma habrían sido más sencillos.
1 resalte

2 largo
El segundo largo tuvo la mayor dificultad en su arranque. Una vez superado este, se trata de remontar unas rampas de unos 50 º hasta el tope de cuerda. Montamos la segunda reunión en unas rocas a la izquierda, y de aquí desencordados hasta la cima, a donde llegamos por su arista.
Arista y el Midi
Un día magnífico, con unas vistas estupendas y un poco de comida, nos retuvo su buena media hora en la cumbre mientras charlábamos con otra pareja de vascos que llegaron poco después. Como se puede observar, no encontramos a nadie que no fuera vasco. Y luego dicen de los gallegos…
Ya solo nos quedaba coger la arista SO y llegar a un collado desde nos dirigimos hacia a una serie de rampas que nos condujeron a la estación de esquí.
Cumbre
 Y así, fatigados pero contentos, acabamos estos tres días de Pirineo intensos y productivos que nos dejaron con ganas de repetir cuanto antes. A ver esos convenios…

25 de junio de 2016

Peña Los Llanos (vía Feriona del Pilar) y Peñas del Prado (vía Venus).

Fin de semana de tiempo inestable por el norte y metidos de lleno en la primavera nos indicaba que nuestro destino tendría que ser la zona norte de León. Llevamos varios años yendo en esta época y es un placer para los sentidos el entorno de las Peñas del Prado. Sin madrugar salimos y por el camino fuimos desgranando la margarita de las posibles zonas; Hoces de Vegacervera, Peñas del Prado o la zona de Luna donde nos habían hablado de la Peña de los Llanos.
Peña Los Llanos. En el primer largo dos escaladores
            Al salir del túnel del Huerna, ya en la vertiente sur de la Cordillera, nos dimos cuenta que el tiempo no era tan bueno como esperábamos. Nos acercamos hasta las Peñas del Prado y hacía viento, la temperatura era baja y además las nubes cubrían parte de la pared. Decidimos regresar sobre nuestros pasos e ir a Caldas de Luna donde, un poco antes del pueblo, dejamos el coche y al fondo se ve la pared de la Peña Los Llanos. En media hora estamos a pie de vía donde vemos a dos escaladores que están acabando el primer largo. Nos preparamos tranquilamente y así les damos tiempo a que se distancien por la pared. La vía de la Feriona del Pilar consta de  4 largos primeros bien equipados con parabolts de escalada en placa. En el cuarto largo hay un pequeño desplome que se hace bien.

Primer largo
Cuarto largo con el diedro desplomado característico.
                Después del cuarto viene una zona más confusa con una pequeña travesía hacia la izquierda según se mira a la cumbre para coger un espolón que se escala. Sin problemas y donde hay algunos parabolts. Arriba del todo hay una placa de 6a equipada o una variante por la izquierda de IV. Nosotros nos decantamos por la placa.  
Terreno donde la vía se pierde un poco hasta llegar al espolón.
Embalse de los Barrios de Luna.
                Para descender seguimos la cresta hacia el este llegando a la cumbre y de aquí bajamos al collado que la une al resto del cordal. Luego descendimos la canal hasta el fondo y girando hacia la derecha bordeamos la pared que habíamos escalado, llegando al coche en poco más de una hora de caminata. Existe una alternativa que es rapelar los 4 primeros largos ya que las reuniones están montadas para ello.
                En las cercanías de Casares de Arbás pasamos una agradable noche en nuestra red de refugios de Altai y a la mañana siguiente nos fuimos para las Peñas del Prado. Después de comentar opciones nos decantamos por la vía Venus que transcurre a la derecha de Noches de escuela. 
Primer largo de la vía Venus
El primer largo es una placa de 6b+ pero tiene dos variantes a la derecha e izquierda. Nos decantamos por la variante de la izquierda que es V+, no tiene ningún seguro fijo y algún paso expuesto de los que si te vas, te vas. Este primer largo es una buena medida de lo que es la vía. Muy pocos seguros fijos y alejes considerables en algunos sitios eso sí la roca excepcional. La escalada  son muros de huecos donde es complicado poner seguros. Hay puentes de roca pero hay que buscarlos. En el cuarto largo, hay una parte común con Noches de Escuela pero después del desplome las dos vías se vuelven a separan con reuniones independientes. El 5 largo es una fisura que se protege muy bien y que tira un poco para atrás.

2 largo.
                
Zona común con Noches de Escuela

Quinto largo.
Añadir leyenda
No salimos a cumbre sino que desde la 5ª reunión rapelamos. Los dos primeros rápeles los hicimos por Venus y los otros dos por Noches de escuela. Al pie de vía el comentario de la vía es que es una señora vía que hay que escalar y proteger y que sigue siendo una maravilla escalar en este rincón de la Cordillera. Sólo nos quedaba bajarnos al coche y sufrir la intoxicación de los aromas las flores que en esta época intentan asfixiarte.
¿ Creéis que volveremos a este sitio?

                

3 de mayo de 2016

Aguja del Pastel. Curavacas.

Varios meses sin conseguir juntar en el mismo fin de semana; buen tiempo, tiempo libre y alguien animado a subir al monte a escalar en hielo, pero por fin llego ese día. Ahora bien, las fechas en las que no movemos no suelen ser las más adecuadas para la escalada en hielo en nuestras latitudes. Nos decantamos por probar suerte en la cara norte del Curavacas, sitio frío, frío, que ya conocemos de otras veces.     
Subiendo a la cabaña
  Por la tarde del domingo nos subimos a la cabaña donde pasaríamos la noche y así salir de madrugada hacia el collado de la Curruquilla. La mochila pesaba de lo lindo. Goyo decidió hacer dos porteos; en el primero subiría todo menos los guantes, en el segundo, los guantes.

Camino a la Curruquilla.
           A las 5,30 teníamos la intención de levantarnos aunque lo hicimos 15 minutos antes despertados por las carreras de un ratón sobre Goyo. Su compañero estaba abajo limpiando la cacerola de mi cena y dándose un atracón a almendras. A las seis de la mañana salimos en dirección al collado de la Curruquilla donde llegaríamos dos horas más tarde. Esta vez no nos pareció tan dura la subida gracias a que encontramos bien la senda en la parte baja y que la nieve, en la parte alta, estaba dura. A las 9 de la mañana estábamos a pie de las cascadas y éstas, en la zona mejor, parecían que estaban partidas. Valoramos la opción de irnos a la vía de Los Faquires pero nos decantamos por acercarnos a las cascadas a ver de cerca cómo estaban.
Escalada que hicimos.
            Al final nos animamos a subir por ellas porque, si bien la grieta existía, el hielo era consistente y no goteaba. El primer largo que hicimos tenía una parte central bastante vertical que nos recordó lo poco que hemos escalado este año. Pinchando en el hielo liso y duro, con pocos reposos, característico de esta  cara norte los gemelos echaban fuego. Cincuenta metros más arriba montamos la reunión y de ahí decidimos ir a buscar otra cascada en dirección a la aguja del Pastel y de paso subirla ya que nunca la habíamos ascendido. El siguiente largo tenía un trozo también bastante vertical pero más corto y el resto más sencillo. Llegamos al collado al pie de la aguja y una corta trepada nos depositó en la cima desde la que observamos a tres montañeros saliendo de la canal Sur dirección  a la cumbre del Curavacas.
Segundo largo.
           Sol y ni gota de viento hizo que disfrutáramos de ese momento en la más absoluta soledad salvó en la lejanía los tres montañeros en la cumbre del Curavacas. Llegar hasta esta cara norte de esta montaña es costoso físicamente pero la tranquilidad y soledad que se respiran la hacen única.
Collado de la Aguja del Pastel
           
Disfrutando del día.
Intentamos subir a la cumbre oeste del Curavacas pero no lo vimos fácil y además el sol había calentado mucho la nieve. Así que comenzamos la travesía hacia el collado de la Curruquilla por encima de las cascadas. Una travesía en la que hay que ir con cuidado porque la caída es considerable. Del collado sólo teníamos que bajar por la canal de subida pero ahora la nieve estaba mucho peor que por la mañana sobre todo en la parte baja. Al final, utilizamos la técnica del “culo esquí” y calados llegamos abajo.
Collado de la Curruquilla.
            En la cabaña recogimos todo dejamos a los ratones con un empacho considerable y para abajo. Por fin pudimos hacer una actividad alpina e invernal aunque me temo que sea la última.