25 de agosto de 2011

Alpes verano 2011:
Aguja Dibona. Vía Madier (6a+/6b).

Subida al refugio Soreiller. Al fondo la aguja
Por segunda vez este año hemos vuelto a estas tierras pero ahora a disfrutar del calor de la roca y no del frío de sus hielos. Escogimos empezar nuestras actividades en esta esbelta aguja que nada más verla te entran ganas de subirte a ella. La aproximación es desde el pueblo Étages y tras ascender los 1200 m de desnivel llegamos al refugio Sorieller. La subida es muy cómoda y el camino está muy marcado, con numerosas zetas que lo hacen muy agradable. En las cercanías del refugio plantamos la tienda y disfrutamos de un maravilloso atardecer tratando de entender los croquis y de aclararnos por donde iba la vía y su dificultad. Por lo que entendimos el grado ha aumentado por un desprendimiento de un bloque en el largo más difícil, la fisura Madier. Otra cosa que nos preocupaba era la presencia de numerosas cordadas.
Amanecimos a las 7.30 y ya vimos que había una cordada. Desayunando vimos que otras se metían en la vía así que decidimos tomarnos la escalada con tranquilidad y meternos los últimos. Así que hasta las 10 de la mañana lo único que hicimos fue tomar el sol y ver al personal distribuirse por la pared. La mayoría de las cordadas eligieron nuestra vía y otras Visita Obligatoria y la Berthet- Boell- Stoffer la cual comparte los primeros largos con la Madier. Vamos una romería pero es lo que tiene agosto y un pronóstico de buen tiempo.

Primeros largo y abajo, el refugio
Los primeros 5 largos no pasan de V, con una roca buenísima y bastante equipada. El largo más complicado es el sexto, una fisura que todavía conserva los tacos de madera de cordadas más antiguas.

Fisura Madier
Esta vía fue abierta en 1937 por Andéol Madier et Maurice Fourastier. Los siguientes largos vuelven a ser más sencillos juntándose con los de otras vías ya que la aguja se empieza hacer muy afilada. Sergio, que tenía ganas de emociones, nos metió por los largos finales de Visita Obligatoria. Arriba, en la cima, el patio es espectacular y tremendamente aéreo.
Cumbre
La bajada se hace de un rapel de 50 m metros y un destrepe sencillo te lleva a la ladera de bajada donde está marcado el camino que conduce al refugio. Nosotros, como queríamos aprovechar el buen tiempo, decidimos recoger la tienda y bajarnos hasta el fondo del valle para irnos a la Meije.

La Meije 3.984 metros y travesía hasta el Doigt de Dieu.

La Meije es la última de las grandes cumbres de los Alpes en ser coronada, o al menos eso dicen los libros. Este año nos hemos dado cuenta del por qué. Una logística complicada, lejanía del valle y además, una ascensión que siempre se desarrolla trepando. En su día se descendió por el mismo sitio aunque nosotros decidimos realizar la travesía hasta el “dedo de Dios”, nos picaba la curiosidad de subirnos a él y ver que se sentía. Llegando a la Brecha de La Meije
En un principio queríamos subir por el valle de Etançons hasta el refugio del Promontorio y de aquí hacer la actividad, yendo a dormir al refugio de Aigle. Regresar por debajo de la cara norte hasta la brecha de la Meije y bajar de nuevo por el valle de Etançons. Los planes se fueron al traste cuando nos dijeron que no se podía pasar por debajo de la cara norte de la Meije. Así que nos fuimos hasta La Grave y subimos por los Enfetchores de la izquierda hasta la brecha de la Meije. Esta subida es sorprendente ya que desde La Grave los Enfetchores parecen que no se pueden subir y hay que escalarlos pero a medida que te metes vas descubriendo el camino y tras alguna trepada se llega al glaciar de la Meije sin el menor problema. El glaciar lo pasamos encordamos y la rimaya la cruzamos por la izquierda alcanzando la brecha dando vista al refugio. El descenso hasta el mismo es un poco expuesto por la caída de piedras y de hecho hicimos un rápel de 50 metros.

En el refugio nos identificamos y la guardesa condujo a Eduardo a nuestros aposentos que, como no habíamos reservado la cena, eran debajo del tejado y no en las literas, "under the roof". A pesar de esto fueron muy agradables. La tarde la pasamos descansando y nos dieron algunas instrucciones para el ascenso.

Siguiendo la tónica general en Francia salimos los últimos del refugio. A las 5 de la mañana comenzamos la ascensión por encima del refugio. Rápidamente despiertas ya que el primer paso te viene nada más abandonar el refugio aderezado con el olor del baño. Toda la subida es una constante trepada con algún paso aislado de IV hasta el corredor Duhamel. En éste la nieve brilla por su ausencia y es entero de piedra. Una vez que has salido de él enfrente está la imponente muralla de Castelnau donde parece imposible que se suba sin escalarla entera. Pero no, poco a poco y trepada tras trepada, se va ganado altura hasta llegar a la placa de los austriacos que decidimos sacar la cuerda y asegurar el paso.
Trepando la Muralla de Castelnau
Al final a las 8 de la mañana aparecemos es el glaciar Carre que tenía muy buen aspecto sin aflorar el hielo negro. Su travesía supuso un descanso de tanta trepada.Al terminar el glaciar crampones y piolet fuera y a seguir trepando y escalando. En menos de dos horas de llegábamos hasta la cumbre del Gran Pic de La Meije en un día radiante y contentos por la ascensión que reconocíamos que había sido “entretenida” pero nada comparado con lo que se debieron encontrar, el 16 agosto de 1877, Emmanuel Boileau de Castelnau, Pierre Gaspard padre e hijo. Además nos había dicho en el refugio que si a las 10 de la mañana no habíamos alcanzado el glaciar Carre que nos diésemos la vuelta que no nos daba tiempo a hacer la actividad. A esa hora ya estábamos en la cumbre con lo que íbamos muy bien de tiempo. Cumbre del Gran Pic de La Meije
Desde la cima veíamos toda la arista y nos dimos cuenta que iban a seguir las emociones. De la cumbre se baja en 3 rápeles y se asciende a la brecha Zsigmondy. Aquí nos hemos encontrado el único cable de toda la ascensión ya que a diferencia de otras montañas de los Alpes, en ésta sólo hay algunos clavos y cordinos disperso por la montaña. Escalamos un corredor helado hasta la brecha entre el Diente Zsigmondy y el 2° diente. Seguimos toda la arista trepando y rapelando hasta llegar al Dedo de Dios ("Doigt de Dieu") donde nos sentamos a debatir en cuál de ellos estábamos, si en el pulgar, índice o medio.

Arista hacia el Dedo de Dios
La arista nos llevó unas 5 horas y a nuestros pies veíamos el futuro; 2.500 metros de bajada. En tres rápeles llegamos al glaciar y ahí terminaban las hostilidades y sólo nos quedaba una larguísima bajada y 100 gramos de chorizo, un capuchino y té.
A las siete y media de la tarde se terminó el suplicio para los pies. Por fortuna a Sergio, que bajó más rápido, le había dado tiempo de ir a por el coche y os ahorramos unos 4 kilómetros de pista. Mientras los pies enfriaban llegamos a la conclusión de que efectivamente es una gran montaña, con mucho compromiso y una logística complicada, y que por algo había sido la última gran montaña de los Alpes en ser ascendida. Si no se va ligero hay muchas posibilidades de dormir en la pared, más si se sube y baja por la ruta normal.

Arista Kuffner al Mont Maudit (4.465 metros).
Dejamos Ecrins con mal tiempo pero muy contentos y con la tarea hecha. Nuestro nuevo destino es Chamonix donde, al llegar, tenemos la sensación de haber cambiado de país. Pasamos de la tranquilidad y soledad, al bullicio, tiendas, coches y demás. Como la meteo sigue dando bueno nada más llegar preparamos los trastos para salir por la mañana pronto.
Subimos en el teleférico del Aiguille du Midi y a las 8 de la mañana estamos disfrutando de unas vistas espectaculares en un día radiante. Bajamos al valle Blanco sin parar de hacer fotos y viendo numerosas cordadas que están escalando por las paredes de la zona. Dormiremos en el vivac de la Fourche, una cabañita de 12 plazas en mitad de la arista y en un sitio muy incómodo donde casi te tienes que atar para ir al baño porque si no puedes acabar en el glaciar de la Brenva. Al llegar hay dos italianos y al cabo de un rato llegan otros dos. Entablamos conversación y uno de ellos nos dice que ha estado en Suances. Horas más tarde descubrimos que conocen a Jandro de Altai ¡y eso que el mundo es grande! Con el paso del tiempo el refugio se va llenando y nos atrincheramos en la litera. Está claro que va a ser una noche muy, muy larga.

Fundiendo agua en la terraza del vivac
Al final nos metimos 16 y con la puerta cerrada aquello parecía la cumbre de un ochomil. Fuera había más gente durmiendo. No dormimos casi nada y al final, como siempre, salimos los últimos. La ventaja es que desayunamos tranquilos y nos preparamos sin agobios.

Llegando a la aguja Androsace
La arista es una trepada-escalada por terreno mixto con un panorama excepcional por las montañas que nos rodean. El amanecer nos pilla llegando a la aguja Androsace donde descubrimos a casi todos nuestros compañeros de la cabaña atascados en su flanqueo. Una vez superado este resalte seguimos ascendiendo, haciendo fotos y adelantado cordadas que como van a largos van más lentas. Al final llegamos a lo más alto de la pirámide rocosa del Mont Maudit donde nos hacemos las correspondientes fotos y tenemos un momento de recuerdo para Mari.
Llegando a la cima
El descenso lo hacemos más o menos rápido por el estado de la nieve y comentamos la suerte que hemos tenido estos días. Tres actividades muy interesantes, sobre todo La Meije que nos ha impresionado toda ella en su conjunto, ¡una señora cumbre!

Más fotos en:
https://picasaweb.google.com/lfran68

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