25 de enero de 2017

La Torrezuela canal Oeste 2.322 m.
Fin de semana por el Occidental una de nuestras zonas de invierno preferidas y de donde siempre volvemos a casa cansados y de noche. En este caso las primeras dificultades surgieron en la carretera que va desde el Lago Enol hasta Pandecarmen que estaba bastante helada y lo resolvimos poniendo las cadenas. La subida al refugio un paseo por la dureza de la nieve y en la que solo marcabas la pisada. El día empezó nublado y con el cielo gris plomizo y acabó soleado y espectacular. Los Argaos casi no tenían roca y a pesar de ser un paisaje conocido y fotografiado no dejaba de sorprendernos como si fuese la primera vez que lo recorríamos.
Subiendo al refugio

Camino a Ordiales
  En el refugio vimos unos sacos con lo que sabíamos que iba a ver gente por arriba y que nos comentaría como estaba el tema. Después de comer salimos en dirección al mirador de Ordiales con idea de ver atardecer y hacer unas fotos pero al final acabamos subiéndonos a unas cimas en una zona llamada Sierra Pelada. Unas nubes altas, que habían entrado, tapaban el sol y el frío empezó hacer mella en la voluntad de esperar a que el sol bajara por debajo de las nubes. A medida que las mochilas se vaciaban de ropa se acrecentó el debate de salir pitando de allí arriba e ir al refugio de invierno de Vegarredonda que hasta nos empezaba a parecer cálido. Al final aguantamos y el atardecer fue espectacular con un cielo naranja y un rayo de luz que parecía pintado. Compensó la tiritona y bajando entramos en calor.


Atardecer
Los de los sacos eran unos asturianos que nos comentaron que se habían bajado de la este de la Torre Santa María porque en la parte de arriba la nieve estaba sin transformar. También nos dijeron que la nieve en la aproximación estaba durísima y que si queríamos nos podíamos acabar la botella de vino. Las alabanzas hacía ellos se oyeron hasta en la Basílica de Covadonga.

 A las seis de la mañana sonó el despertador y antes de las siete salíamos hacia nuestro objetivo. La nieve dura nos permitía subir rápido y cómodo y en las rampas de la Cuesta de Cebolleda su dureza nos empezó a preocupar por que ya empezaba a ser hielo. Al collado Les Merines llegamos cansados de patear la nieve para poder  clavar las puntas de los crampones y con mucha tensión. No recordábamos una nieve tan dura durante tanto tiempo y todavía quedaba el flanqueo a Fuente Prieta que nos dejó fundidos por la tensión. Eso si el paisaje parecía patagónico y el hasta el Canto Cabronero parecía el Alpamayo. Hielo y nieve pegados a la pared y solo en las partes bajas de las torres de Cebolleda abunda la roca. Bajamos a pie de corredor y hay nos pusimos los trastos y para arriba que parecía fácil e incluso llegamos a pensar que igual no sacábamos la cuerda.
Torrezuela cara Norte

El primer resalte estaba parcialmente tapizado y con nieve costra y sí sacamos la cuerda y lo protegimos porque la nieve se  iba bastante. El segundo resalte estaba más peleón. Poco hielo y la nieve un poco más dura pero insuficiente. El fantasma de una retirada empezó a aparecer y el recuerdo de la primera vez que estuvimos ahí y que no pudimos pasar el primer resalte también. Al final, utilizando todo tipo de estrategias tanto “legales como ilegales” pasamos. Menos mal que encima del desplome había un poco de nieve dura y los piolets decidieron no saltar. La continuación fue más sencilla y decidimos guardar la cuerda. Salimos a una antecima, justo en frente de la cumbre principal, pero no vimos la manera de poder bajar de ella y subir a la principal por la cantidad de nieve que tapizaba la roca. Foto de cumbre disfrutando del paisaje y la soledad de todo el entorno aunque el frío no nos hizo estar muy a gusto y eso que nos daba el sol.
Llegando al primer resalte

Pegándonos con el segundo resalte


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Destrepando
Destrepamos hasta la última reunión que habíamos hecho y desde ahí rapelamos los dos resaltes para lo que dejamos unos maillones en las reuniones pues no había. A las tres estábamos a pie de corredor comiendo algo, escupiendo hielo de las cantimploras ya que se nos había congelado el agua y rápidamente nos fuimos para abajo porque nos preocupaba que la nieve no se hubiese ablandado. La bajada fue una delicia porque el sol había hecho su papel y la nieve estaba perfecta. En hora y media estábamos en el refugio y eso que habíamos parado en numerosas ocasiones para hacer fotos.

Ya solo nos quedaba recoger todo y para abajo en un gélido pero espectacular día y en el que llegamos a la conclusión que la Torrezuela en invierno no es un sitio para conocer gente. 

12 de enero de 2017

Peña Telera y Pico Culivillas.

Ice Piri 2017

Lo que en principio iba a ser una idílica estancia pirenaica entre Luis y Goyo se convirtió finalmente en un ménage a cinco, pues finalmente se apuntaron también César, Félix y Ángel.
Partimos la mañana del 2 de enero con parada en Laredo para recoger a César, quien jamás se había puesto unos crampones, pero para un basko de Laredo esto no es ningún impedimento para acometer una escalada catalogada como MD-, que era nuestra intención en Peña Telera, uno de los parajes emblemáticos de la escalada en hielo del Pirineo. Con unos botas y crammpones que le habían traído los Reyes con anticipación y unos piolets prestados… ¿Hace falta algo más o qué?
Un viaje entretenido con unas cuantas paradas para comprar pan , comer en un restaurante cerrado cercano a Jaca y unos cafés en este mismo pueblo, nos condujo a Piedrafita de Jaca, donde arribamos ya por la tarde. De allí, una pista asfaltada nos dejó junto a una estabulación enorme que hace tiempo está catalogada dentro de la Red de Refugios de Altai. Aprovechamos las últimas luces del día para aproximarnos por la pista hasta el ibón de Piedrafita, al pie de Peña Telera, y hacernos una idea de la aproximación al corredor.
Peña Telera
Nos levantamos a las 6 de la mañana, y en una hora ya estábamos en marcha.  Con las primeras luces ya habíamos alcanzado la base de Peña Telera,  y una vez allí el corredor elegido fue el Mª José Aller, 650 metros y MD-. Formamos dos cordadas y nos dirigimos hacia el gran cono de deyección que baja del mismo.
Una penosa y larga subida por una rampa de unos 45-50 grados nos depositó en una pequeña cueva al pie de una cascada vertical de unos 7 u 8 metros. Una escalada muy estética y disfrutona nos llevó a unos campos de nieve dura. Apurando la cuerda hasta el final montamos reunión con dos clavos en unas rocas a la derecha del corredor.
1 largo
Ya en el segundo largo, unos 15 metros después de la reunión llegamos a un resalte en mixto muy delicado. Por la izquierda, nieve muy blanda, y en el resto del resalte, dada la escasez de hielo, había que hilar muy fino para poder ir superándolo poco a poco. Un tornillo al principio, un camalot azul y un viejo cordino nos sirvieron para pasarlo. Otro resalte vertical pero más fácil nos dio paso a otro campo de nieve donde, ya a tope de cuerda, tuvimos que montar la reunión con una estaca y los piolets. Desde aquí y en ensamble, llegamos a una bifurcación. Optamos por la izquierda, más vertical y estética. Al poco nos dimos cuenta de nuestro error, una zona muy sucia y expuesta que nos dio algún problema. Avisamos al resto de que no era una buena opción y por fin llegamos a la última dificultad de la jornada, otro resalte  cuya principal dificultad estaba al principio, dada la escasez de hielo. Al final, con más facilidad de la que pensábamos, superamos el resalte en el que nos encontramos un clavo al principio y luego pudimos proteger con tornillos. Nos faltaron unos 15 metros para llegar al fin del corredor, así que tuvimos que montar la última reunión en unas rocas a la izquierda. Y ya no nos quedó más que recorrer esa poca distancia para pasar del mordisco del frío y el viento a la caricia del sol, donde Luis pudo explicar con todo lujo de detalles a una pareja de guipuchis que iban a la par las montañas que podían escalar en la Cordillera Blanca de Perú, lugar al que pensaban ir en verano.
Ultimo resalte

Por fin el sol


Hacia los rápeles
Se nos echaba el tiempo encima, con lo cual la idea de hacer cumbre pasó a segundo plano, con lo que optamos por rodear la Punta Capullo y dirigirnos al corredor de la Y, el cual tiene habilitados un par de rápeles, y de aquí, un larguísimo e interminable descenso que nos dejó un poco tocados. 
Rapeles de la Y
Al final del mismo, ya noche cerrada, recogimos a otro par de vascos que venían sin luces con los que Luis entabló de nuevo animada conversación hasta la llegada al refugio cerca de las 9 de la noche.
Unas cervezas que nos supieron a gloria y una buena cena nos llevaron rápidamente a dormir, pues al día siguiente, a pesar de la trisca, decidimos hacer el corredor norte-noroeste del Pico Culivillas, en Formigal,  300 metros y D sup.
Nos levantamos un poco más tarde, a las 7, y pusimos rumbo a la estación de Formigal, en el párking Anayet. Allí identificamos nuestro objetivo y, junto a un par de cordadas más, nos dirigimos hacia él a través de un barranco que va rodeándolo y que forma parte del GR pirenaico.
Cara norte del Pico Culivillas
Al vislumbrar el corredor, observamos que había 2 cordadas en el mismo, y otras dos que se dirigían hacia él. Afortunadamente, estas últimas optaron por otras vías, con lo cual, cuando llegamos al corredor propiamente dicho, estaba despejado. Solo algunas coladas de nieve que caían de la parte superior nos indicaban de la presencia de otros escaladores.
Via un poco masificada
El primer largo transcurre por un diedro vertical de unos 10 metros que estaba bastante  escalonado y que nos lleva a una zona de nieve dura algo más tumbada. Montamos la reunión, con mucha dificultad, bajo una roca al final de la línea de escalada. Y es que lo mejor habría sido desviarnos a la izquierda continuando la cascada, ya menos vertical, con lo cual los apuros para montar la reunión y la salida de la misma habrían sido más sencillos.
1 resalte

2 largo
El segundo largo tuvo la mayor dificultad en su arranque. Una vez superado este, se trata de remontar unas rampas de unos 50 º hasta el tope de cuerda. Montamos la segunda reunión en unas rocas a la izquierda, y de aquí desencordados hasta la cima, a donde llegamos por su arista.
Arista y el Midi
Un día magnífico, con unas vistas estupendas y un poco de comida, nos retuvo su buena media hora en la cumbre mientras charlábamos con otra pareja de vascos que llegaron poco después. Como se puede observar, no encontramos a nadie que no fuera vasco. Y luego dicen de los gallegos…
Ya solo nos quedaba coger la arista SO y llegar a un collado desde nos dirigimos hacia a una serie de rampas que nos condujeron a la estación de esquí.
Cumbre
 Y así, fatigados pero contentos, acabamos estos tres días de Pirineo intensos y productivos que nos dejaron con ganas de repetir cuanto antes. A ver esos convenios…