4 de abril de 2011

Turon de Neuville. 3.035 metros.

Ya se va acercando el final de la temporada de esquí y por aquí, salvo en el macizo central de Picos de Europa, no hay mucha nieve para deslizarse. Así que Eduardo, Rulo y Raúl nos liamos la manta a la cabeza y emigramos a tierras francesas de viernes a domingo. Las previsiones de tiempo eran buenas para el sábado y regulares para el domingo.

La idea era hacer el Vignemale pero una llamada de Goyo al Refugio de Oulettes nos quitó la idea de la cabeza. El guarda decía que la nieve estaba muy mala y que había bastante riesgo de aludes así que cambiamos el rumbo y nos dirigimos al Turon de Neuville (3.035 metros), un clásico de la zona.

A las 8 de la mañana comenzamos la jornada en un antiguo remonte cerca de Baregnes. Primero con los esquís en la mochila por todo el Valle de la Glere hasta que al final del valle ya pudimos calzarlos. En dos horas ya estábamos en el Refugio de la Glere, que es bastante grande y cómodo. Desde allí ya vimos todo lo que nos quedaba, así que, como se dice en estos casos “Pim pam para arriba”. Por suerte había una huella estupenda que nos permitió avanzar bastante rápido entre la multitud de lagos congelados.

A las 2 de la tarde llegamos a la cumbre donde comimos tranquilamente y disfrutamos del buen tiempo y del paisaje.

De la bajada la verdad es que esperábamos algo mejor. Encontramos nieve de todo tipo; dura, costra, primavera de la buena y primavera pesadísima. Pero bueno, mereció la pena. A las 6 de la tarde llegábamos de nuevo al coche donde merendamos opíparamente.

Nuestra idea al día siguiente era esquiar en la estación de Gavarnie, pero amaneció muy gris, ventoso y llovía ligeramente así que pusimos rumbo a Lourdes a ver si se nos aparecía la Virgen, cosa que no ocurrió. Después otra paradita en Biarritz y para casa.