3 de mayo de 2016

Aguja del Pastel. Curavacas.

Varios meses sin conseguir juntar en el mismo fin de semana; buen tiempo, tiempo libre y alguien animado a subir al monte a escalar en hielo, pero por fin llego ese día. Ahora bien, las fechas en las que no movemos no suelen ser las más adecuadas para la escalada en hielo en nuestras latitudes. Nos decantamos por probar suerte en la cara norte del Curavacas, sitio frío, frío, que ya conocemos de otras veces.     
Subiendo a la cabaña
  Por la tarde del domingo nos subimos a la cabaña donde pasaríamos la noche y así salir de madrugada hacia el collado de la Curruquilla. La mochila pesaba de lo lindo. Goyo decidió hacer dos porteos; en el primero subiría todo menos los guantes, en el segundo, los guantes.

Camino a la Curruquilla.
           A las 5,30 teníamos la intención de levantarnos aunque lo hicimos 15 minutos antes despertados por las carreras de un ratón sobre Goyo. Su compañero estaba abajo limpiando la cacerola de mi cena y dándose un atracón a almendras. A las seis de la mañana salimos en dirección al collado de la Curruquilla donde llegaríamos dos horas más tarde. Esta vez no nos pareció tan dura la subida gracias a que encontramos bien la senda en la parte baja y que la nieve, en la parte alta, estaba dura. A las 9 de la mañana estábamos a pie de las cascadas y éstas, en la zona mejor, parecían que estaban partidas. Valoramos la opción de irnos a la vía de Los Faquires pero nos decantamos por acercarnos a las cascadas a ver de cerca cómo estaban.
Escalada que hicimos.
            Al final nos animamos a subir por ellas porque, si bien la grieta existía, el hielo era consistente y no goteaba. El primer largo que hicimos tenía una parte central bastante vertical que nos recordó lo poco que hemos escalado este año. Pinchando en el hielo liso y duro, con pocos reposos, característico de esta  cara norte los gemelos echaban fuego. Cincuenta metros más arriba montamos la reunión y de ahí decidimos ir a buscar otra cascada en dirección a la aguja del Pastel y de paso subirla ya que nunca la habíamos ascendido. El siguiente largo tenía un trozo también bastante vertical pero más corto y el resto más sencillo. Llegamos al collado al pie de la aguja y una corta trepada nos depositó en la cima desde la que observamos a tres montañeros saliendo de la canal Sur dirección  a la cumbre del Curavacas.
Segundo largo.
           Sol y ni gota de viento hizo que disfrutáramos de ese momento en la más absoluta soledad salvó en la lejanía los tres montañeros en la cumbre del Curavacas. Llegar hasta esta cara norte de esta montaña es costoso físicamente pero la tranquilidad y soledad que se respiran la hacen única.
Collado de la Aguja del Pastel
           
Disfrutando del día.
Intentamos subir a la cumbre oeste del Curavacas pero no lo vimos fácil y además el sol había calentado mucho la nieve. Así que comenzamos la travesía hacia el collado de la Curruquilla por encima de las cascadas. Una travesía en la que hay que ir con cuidado porque la caída es considerable. Del collado sólo teníamos que bajar por la canal de subida pero ahora la nieve estaba mucho peor que por la mañana sobre todo en la parte baja. Al final, utilizamos la técnica del “culo esquí” y calados llegamos abajo.
Collado de la Curruquilla.
            En la cabaña recogimos todo dejamos a los ratones con un empacho considerable y para abajo. Por fin pudimos hacer una actividad alpina e invernal aunque me temo que sea la última.